¿QUIÈN ES AMADORA
GÒMEZ?
La Madre Amadora Gómez
Alonso nació en un pueblo de Salamanca el 31 de enero de 1907. Ya desde muy joven
sintió que Dios la quería para sí, y a los quince años se entregó al Señor e
ingresó en la Congregación de las Siervas de San José, donde tenía ya dos tías
religiosas. Ella misma dirá en su diario: "Efectué mi ingreso en la
Congregación a los 15 años y estuve encajada, satisfecha y entregada a Dios en
ella".
Siente en su interior
muy profundamente que tiene que dedicarse a los pobres y abandonados y ve que
en su Congregación no podía realizar el deseo que el Corazón de Jesús
insistentemente le pedía. El Señor quiere de ella otra forma de vida pero todo
fuera de su Congregación. Ella misma nos dice: "Venía sintiendo en mi
interior las frases que en tono lastimero se me venían repitiendo: 'Tengo
ansias de reinar', 'Mi Corazón tiene insaciable sed de almas', 'Sígueme en mi
Obra de Amor', 'Los pobres, los abandonados...' ". Así se lo hizo
sentir el Corazón de Jesús. Y abandonada, puesta en sus manos y con una fe
fuerte a lo que Dios le pedía, el 25 de marzo de 1942, pronunció su
incondicional "¡Fiat!" entregándose por completo a la obra que
el señor le pedía: la Congregación de Celadoras del Reinado del Corazón
de Jesús. Después de muchas vicisitudes deja su querida Congregación de
las Siervas de San José poniéndose en manos del Señor e iniciando su nueva
aventura.
Movida por su ardoroso
celo, su deseo de almas y por su ansia de extender el Reino del Amor de Cristo,
su vida transcurre llena de entrega y de sacrificio constante. Su ardor por el
Reino le lleva abrir nuevas comunidades y a ayudar a muchas personas
necesitadas, pero siempre le acompañaba su mala salud que cada vez era más delicada
y precaria.
Aquejada por una rápida diabetes, marcada por el
sufrimiento y por el ansia de ver extendido el Reino de amor del Corazón de
Cristo, muere en Valladolid el 3 de mayo de 1976, Fiesta de la Santa
Cruz. Sus hijas acogimos su deseo de morir junto al Santuario del Corazón de
Jesús tan querido por ella y allí permanecen sus restos esperando que un día,
no muy lejano, la veamos glorificada.

La quiero muchísimo a Madre Amadora, admiro de ella su fidelidad a Dios en medio de luchas y sufrimientos, su coraje y valentía, su amor a los pobres y necesitados y ese espíritu que tenia por la urgencia de extender el Reino de Dios a los lugares más necesitados...
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